viernes, 24 de mayo de 2024

Todo es un puzle

Desde niño le gustaban los puzles. Todo era orden. Diversas piezas que debían encajar a la perfección. Partiendo de un borde, la parte sencilla, ir ensamblando en su interior una estampa o una figura, de tal manera que aquello iría tomando forma. Se agrupaban las piezas por colores o apariencia en la creencia de que todas ellas tendrían una conexión; pero siempre iban quedando otras sin relación alguna con las demás, los flecos, que en el fondo eran parte tan importante de la imagen como el resto, sin ellas no quedaba completo el puzle. En este caso solo era cuestión de darle vueltas.

Quizás por eso cuando empezó su carrera de escritor le gustaba tanto. Le resultaba fácil armar historias a modo de rompecabezas. Con unas ideas principales, encuadrado en un título que lo envuelve a modo de marco, y luego ir encajando las piezas restantes que van desarrollando la historia. Pero van quedando los flecos, los malditos cabos sueltos que no se dejan encajar y que pueden hacer que toda la historia haga aguas. Pero era pura literatura, tarde o temprano todo quedaba en su sitio.

Ahora lo que tenía delante era distinto. O quizás no. Realmente debía tratar aquella situación como esos puzles de su niñez o cuando escribía sus novelas, sin dejar flecos. Sabía que aquel muerto despanzurrado en el salón de su casa iba a ser difícil de encajar en el puzle antes de que llegase la policía. Pero el verdadero problema era ligar a la perfección los flecos que demostrasen que, pese a ser él el culpable, quedaría absuelto del crímen. Solo el tiempo jugaba en su contra.

viernes, 10 de mayo de 2024

Ante todo, educación

Todas las noche a la misma hora pasaba por la puerta del baño mientras me cepillaba los dientes dándome las buenas noches con total educación. Así cada día desde que me mudé hace ya diez años. La primera vez me sorprendió, pero a base de repetirlo se hizo normal y era algo que ya esperaba. Es lo lógico, pensaba yo, cuestión de educación y protocolo. Con todo, no era tan normal hacerlo con un fantasma que aparecía por una pared del pasillo y desaparecía por la de enfrente sin decir ni una palabra más. Educado y nada molesto, y nunca faltaba a la cita.