Tantas personas delante y un vacío tan inmenso. Veía caras y, sin embargo, ninguna conocida. Tanto tiempo soñando con un momento como aquel y nada de cuanto había fantaseado cuando llegase se parecía a aquello. Todo aquel paraninfo repleto de personas que habían ido a verle, solo a él. A aquel señor que había reventado las ventas con su último libro, después de decenas publicados que pasaron sin pena ni gloria.
La cuestión era que había estado luchando durante lo que parecía una eternidad para hacerse un hueco en el mundo literario y ahora que por fin había llegado, que había conseguido su best seller, no veía aquellas caras que tanto le hubiese gustado tener delante. Sus padres, que le animaron desde siempre en su afán literario, cuando envió su primer borrador a aquella editorial cuando no contaba ni treinta años. Su familia y amigos, siempre con la eterna pregunta de cuándo iba a ser famoso con su última novela. Incluso todas aquellas mujeres, no muchas todo hay que decirlo, que pasaron por su vida y que veían en él un tipo interesante y que podía conseguir llegar lejos, pero que terminaban yéndose por el mero hecho de encontrar a un hombre volcado en un ímprobo trabajo, siempre en busca del libro perfecto, y en el fondo frustrado por no conseguirlo.
De qué había valido todo aquello. Ya no estaban. A quién poder decir “escuchadme, lo conseguí”. ¿A todos estos que le miraban con aprobación ahora, cuando hacía un tiempo ni le hubiesen prestado atención?¿Ahora sí tengo su beneplácito?
En esas se encontraba cuando el presentador del evento comenzó a contar todas las cualidades del escritor. Aunque en realidad, él solo escuchaba un murmullo sin sentido.
La verdad es que no quería estar ahí, no le apetecía. Y ahora que era él el centro de atención decidió que también sería él el que manejara la situación. Se levantó lentamente mientras el presentador y el público asistente le miraban extrañados y se hizo un silencio sepulcral en toda la sala, quizá porque todos esperaban que iba a a hacer o decir algo de interés, pero se fue derecho hacia la salida y antes de abandonar la sala solo musitó —No necesito estar aquí… y no necesito su aprobación— y salió por la puerta, sin más.