sábado, 16 de agosto de 2025

Dos y yo en medio

Dicen que dos son pareja y tres multitud. Y eso es lo que pasó con los dos clanes. Los Buonafonte y los O'Sullivan llevaban años a tortas, disputándose el negocio de la droga, la prostitución y las armas en la ciudad. Aún así cada uno tenía su zona y trataban de no inmiscuirse en los asuntos del otro. Incluso, habían llegado a un punto en el que podíamos decir que se toleraban. El punto de inflexión fue en la boda de Joe y Chris. Ambos estaban, aún sin quererlo, relacionados familiarmente con las dos familias y unas y otras entendieron que sería un desaire no asistir a la boda. Así, que allí estaban los principales mandamases de los dos clanes con sus principales acólitos, en mesas bien separadas pero sin quitarse el ojo los unos de los otros. El evento estuvo bien, nada fuera de lo normal, y el tiempo fue pasando hasta que empezaron los bailes posteriores, el ambiente distendido y los niños jugando en el jardín. Todo era agradable y entretenido. Pero todo podría desaparecer en un segundo. Algo que nadie vio venir. Desde el salón de actos se escuchó un par de explosiones que provenían de fuera. Entre la casa y el aparcamiento se encontraba un jardín amplio, ahora destrozado por la detonación de lo que parecían dos bombas. Rápidamente todos salieron para ver lo que había pasado, se encontraron varios heridos por el suelo, algún invitado, varios camareros y gran parte de la decoración de la boda esparcida por todas partes. Cuando salieron los grandes capos cayeron en la cuenta que sus hijos estaban jugando por allí. Irónicamente los dos descendientes de los dos grandes jefes jugando sin importar quien era cada uno. Pero los muchachos no aparecían por ningún lado. Un mal presentimiento iba invadiendo a los presentes. Los clanes ya empezaban a mirarse mal, haciendo responsable el uno al otro de lo sucedido. Las chispas ya brotaban y estaba a punto de haber una tercera explosión pero, en este caso, entre los presentes cuando se oyó una voz —¡Están aquí!¡Vengan rápido!

Y efectivamente, allí estaban los dos muchachos. Atrapados bajo uno de los vehículos que había salido despedidos por la explosión. Pero había algo más. Encima de ellos, protegiendo con su cuerpo a los niños había alguien, inconsciente y magullado. Sacaron a los tres, heridos pero indemnes. Los padres de las criaturas abrazaron a sus hijos al verlos sin daño y miraron extrañados al hombre que se había interpuesto salvando a sus herederos de una muerte cierta. ¿Quién era aquel individuo?

Y ahí es donde entro yo. Porque yo era aquel individuo. Solo un invitado más, un buen amigo de los novios y sin ninguna relación con las dos temibles familias. Y ni ganas de ello. Pero aquel acto heroico fue mi mayor error. Por favor, no se me entienda mal, lo volvería a hacer pero, si lo llego a saber, no voy a la boda. Solo estaba en el lugar erróneo haciendo el superman.

¿Qué supuso aquello? Desde aquel día no me faltó de nada. Ambos clanes hicieron cuanto estuvo en su mano porque así fuese. Incluso alguna vez llegaron a las manos por ver cuál de los dos era el mejor. Y yo solo quería vivir mi vida, pero de vez en cuando al levantar la vista, veía a lo lejos a alguno de aquellos armarios empotrados velando por mi seguridad, como si yo fuese un jefe de estado o algo así. Aunque había dos cosas con las que no podía. A mi casa llegaban constantemente paquetes de pasta y botellas de whisky irlandés, y el problema es que soy alérgico al gluten y abstemio. En fin, algo bueno debe de haber en una buena acción, aunque sea ante semejantes personajes. Aunque algunos vecinos me miran con aprensión.

Y lo de la bomba fue el tercero en discordia, por eso lo de tres son multitud. El clan de los Jovanović buscaba hacerse con el mercado que manejan los Buonafonte y los O'Sullivan y encontró en esta boda el momento propicio para deshacerse de la competencia. Pero todo les salió mal. Habían intentado matarles a ellos y casi acaban con sus retoños, además de quitarles su pan, por lo que ambos clanes se unieron en una guerra sin cuartel contra ellos. Y voto a tal que no dejaron títere sin cabeza. Pero la cuestión que realmente me importa es qué hago con tanta pasta italiana y whisky irlandés.